VALIENTE - Historia de un luchador

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Para que todos podais conocer su lucha...

VALIENTE

Esta es la historia de un gato, como Garfield, pero infinitamente más cariñoso que éste último. En lo demás y, que la lasaña no la puede probar por cuestiones de dieta, es idéntico.


Valiente llego a nuestra casa, un día soleado de agosto. Lo recogimos de una casa de acogida donde por su minusvalía siempre era el último en llegar a todos los sitios, y es que sus hermanos de raza tenían 4 patas y él tan solo 3. Aunque también es cierto que como dice el dicho “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Esta bolita naranja, aunque solo fuera por insistencia y ronroneos, siempre conseguía llevarse algo de la atención que requería… siempre poca, según sus baremos... (Es más, a día de hoy creo que 5 humanos no son suficientes para poder satisfacer sus demandas “cariñiles”, ¡doy fe!).

Entre flores y mantas… se esconde una bola naranja

 

Pero quizás me estoy adelantando en la historia y debo ir un poco atrás al momento en que tuvo la inmensa suerte de ser rescatado de una cuneta.


Si, Valiente es un gato atropellado, de ahí su minusvalía, y sospechamos que tampoco excesivamente querido por su comportamiento al ver palos de escoba, fregonas y demás utensilios de limpieza. Era tal su pavor que atisbar la escoba y salir por patas (3) al rincón más oscuro debajo de la cama y la velocidad luz, son prácticamente lo mismo.


Valiente fue llevado a una clínica veterinaria donde no daban mucho por su salida adelante. Era un pellejo con patas, con una pata trasera destrozada, diversas heridas, hongos en la nuca, deshidratación severa y para más inri le detectaron Inmunodeficiencia Felina… demasiadas pulgas para tan poquito saco.


Aun así en la clínica apostaron por él. Roberto (el vete) le operó la patita destrozada (una de las traseras), cuidaron sus heridas y le dejaron en la clínica esperando encontrarle a la mañana siguiente disfrutando del Valhala con unas cuantas preciosas gatitas, para entendernos, tenía las mismas posibilidades de superar la noche de que le tocase la lotería.


Pero, hete aquí que el peque es un Valiente (de ahí su nombre) testarudo, y no sólo superó la noche sino que salió adelante con muchas ganas y mucho, mucho, mucho cariño por dar y demostrar a estos humanos que tan malamente le habían tratado hasta entonces. Porqué el bichito de rencor nada de nada. Es todo amor y ronroneos en un 200%.


Nosotros lo encontramos en internet, en una de tantas búsquedas tontas que se hacen a lo largo del verano buscando “no se sabe bien qué” para matar el tiempo, topamos con unos preciosos ojitos verdes que decían “llévame a casa” algo así como Rodolfo el Langostino pero con carita de pena. Y no pudimos resistirnos. Es más, fuimos a buscarlo sin siquiera haberlo visto en “directo”.


Cuando llego a casa aquel día de agosto, al principio estaba un poco cohibido, tímido y hasta triste. No sabía que podía y no podía hacer, pero al cabo de unas horas, no sólo se había adueñado del sofá sino de sus nuevos compañeros de piso que ya estaban enamorados de esta pequeña bola peluda naranja.

Tomando posesión de sus nuevos dominios… se le ve estresado

 

La historia tendría un final feliz sin más, como la de muchos otros animales que son rescatados de perreras, albergues o de la calle y que encuentran un hogar donde son queridos y donde pueden dar todo lo mejor, pero es que Valiente es mucho Valiente y por lo tanto, aunque la historia tiene un final feliz… todavía hay que pasar por otra dolorosa etapa para el bichito.


Hace dos años, Valiente sufrió una trombosis que le paralizó la pata trasera que le quedaba y que hubo que amputar. Le diagnosticaron insuficiencia renal y una cardiopatía, lo que se unía a su inmunodeficiencia, un cocktail explosivo. Otra vez demasiadas pulgas para poquito saco, aunque esta vez tenga unos kilitos extra.


Al principio los vetes también vieron la cosa un poco negra para nuestro peque (¡¡¡la historia se repite!!!), pero, otra vez, la diosa providencia, la suerte, la Amatxu Bego o lo que fuera le puso en el camino a otra vete que apostó por su recuperación y que gracias a ella, a Virginia (la supervete), conseguimos que Valiente saliera adelante y fuera el de siempre… con una patita menos (y ya solo tiene dos) pero tan feliz como una perdiz-gato.

Recien operado, en casa, viendo “pitufos” a causa de la medicación.


Ahora mismo, tiene por la casa distribuidos cómodos almohadones cual Marajá de los que hace uso y disfrute a su antojo. Ha aprendido a establecer una comunicación a base de distintos sonidos con sus compañeros de piso para “expresar “sus necesidades (ya digo que solo le falta hablar) y corre por la casa, no como un Ferrari, pero, vamos a dejarlo como un Golf GTI (jeje).


Esta es la historia de una superación, la de un bichito que ha apostado por vivir por encima de todo. Se siente querido y lo sabe y eso hace que su recuperación haya sido posible. Sus compañeros de piso, nos hemos volcado con él, así como el resto de la familia y los veterinarios de la clínica sin los que no habría sido posible que hubiera salido adelante. Y gracias a mucha gente que lo ha ayudado y no lo ha dado por perdido en ninguna circunstancia.


Queremos que esta historia sirva a todas aquellas personas que tienen un compañero peludo en casa. Ellos dan lo mejor que tienen, pero como todos también pueden sufrir enfermedades. Lo mejor que se puede hacer es darles todo el cariño para que lo sientan antes de tirar la toalla (sabiendo que algunas veces no hay otra opción).


Tirar adelante, apostar por ellos y ellos os devolverán triplicado el amor que vosotros/nosotros les damos. No tienen rencor. Son todo nobleza.


Aquí haciendo cosas de gato…

 

Una rascadita amorosa de Valiente.

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